Los viajes de Pedro Cano a través de un libro

En la Historia del Arte y en la de la Literatura existe una larga tradición de simbiosis y de colaboración. La imagen y la palabra se unen para llenar los sentidos del espectador que lee o del lector que mira y siente. Esta semana, coincidiendo con la celebración del Día Internacional del Libro, Pedro Cano nos relata su estrecha vinculación con la literatura y nos habla del origen de la serie Las ciudades invisibles.

Una tarde de marzo de mil novecientos ochenta y cuatro conocí a Italo Calvino. Yo inauguraba aquella noche una exposición en la galería Giulia de Roma. Como ocurre normalmente cuando uno tiene enfrente a alguien muy especial, no encontraba palabras para transmitirle mi alegría. Hablamos mezclando italiano y español. Poco después me marché a Nueva York y el año siguiente Italo Calvino moría en el mes de septiembre.

La viuda de Calvino adquirió algunas piezas fruto de mis cinco años americanos y me regaló un ejemplar de la primera edición de Las ciudades invisibles, sugiriéndome leerlo con atención e intentar extraer material para mi pintura. Debo admitir que la enorme riqueza de este libro me creó en principio grandes problemas, pues me era difícil concretar una imagen en todo el caleidoscopio que cada uno de los lugares descritos me provocaba.  

He llevado durante años conmigo este pequeño libro en mis viajes y empecé a hacer en los espacios vacíos apuntes que poco a poco me situaran en esta geografía de lugares inéditos, pero que tanto me recordaban a otros lugares vividos en mi deambular por el mundo y que había intentado capturar en mis cuadernos de viaje. Decidí hacer de toda aquella maraña de signos algo más concreto y empezó a delinearse la idea que recogí para este trabajo: una especie de cuaderno, donde la imagen viene sugerida a través de la palabra de Italo Calvino.

Recorrer de mano de Calvino estos lugares y darles color y forma ha sido una de las aventuras más intensas de mi vida; usé paisajes y atmósferas, objetos y luces que vienen de la memoria de mi pintura y de mis experiencias personales.

Utilicé cincuenta y cinco hojas de papel hechas a mano y como única fuente de color, la acuarela.

Estaré eternamente agradecido a Chichita Calvino por haber puesto en mis manos Las ciudades, que ha sido el puerto de partida para este viaje inolvidable.

Pincha aquí para conocer mucho más sobre Las ciudades invisibles que encontrarás en la segunda planta del museo.

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  • José Ato Saorin
    Publicado a las 19:34h, 23 abril Responder

    He tenido la suerte de ver las 55 acuarelas en Madrid, y en Murcia, además de en la propia Fundación. Un trabajo extraordinario, según palabras del propio Pedro. Un saludo al maestro y espero que se encuentre bien.

    • fundacion
      Publicado a las 10:30h, 29 abril Responder

      Muchas gracias, José Ato. Transmitimos tus palabras a Pedro.
      Cada semana el pintor nos irá mostrando lo que podéis encontrar en el museo. Saludos.

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